jueves, 3 de diciembre de 2009

Reproduccion

Parece que está escrito el argumento
de la teleserie en que somos
actores secundarios:
O somos como expendedores
de líquido fecundante
o recipientes mecánicos.

Repetimos escenas aburridas
Unas veces mas odiosas que otras,
por ejemplo,
la obligación de tener hijos,
la visita al supermercado,
la palmadita en la espalda del jefe
en el trabajo.

Construimos nuestros sentimientos
a base de cliches rutinarios:
somos frágiles papagayos.
Ya nos contó Bourdieu del ser humano
que, aunque el destino es su muerte,
siempre se autojustifica
agarrando los clavos ardiendo de la fe
pàra que arda en vida,
cualquier aliento de fuga.

Mas vale tarde que nunca,
a buenas horas mangas verdes,
lo mas bonito del mundo
es ser padres, ¡que carajo¡
Si ni siquiera sabemos qué somos
ante la pantalla plana, anestesiados,
perdidos en el laberinto.

Da igual blanco que tinto,
en nuestra enorme irresponsabilidad
¡Sigamos el guion¡
No sabemos lo que queremos
Mas los prohombres biennacidos
nos guiaran altruistas,
aunque sea hacia el infierno,
de los esclavos dúctiles.

De la mano de la opinión pública,
tras lo politicamente correcto,
nos pensamos libres.
La mujer se realiza en su rol de madre,
el aborto es un crimen horrible,
peor que vivir marcando el paso.
¡¡¡Será posible!!!

Llenar nuestro vacio con objetos inútiles
compensar nuestro extravio
pariendo clones.
¡Mirad alrededor!,
somos mutantes ideologicos
ovejas adictas a la tecnología
dirigidas a distancia
por los pastores de la acumulación.

Tengamos hijos para reproducirnos,
sumemos nuestros genes,
con orgasmos limitados.
Enrosquemos nuestro ADN
para crear seres híbridos
pero siempre dóciles,
no vaya a ser que no necesitemos
nada inútil, vacuo, superfluo,
y por fin seamos fieles, nada mas,
a nuestro deseo.

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